jueves, 20 de febrero de 2014

Chicas modernas en un clásico de época*

La serie Girls, creada por Lena Dunham, llegó a su tercera temporada y sigue captando amantes y detractores. Por qué sí verla. 

*Una versión de esta nota fue publicada en REVISTA Ñ el 15 de febrero de 2014.

No es original decir que Girls es la serie del momento. Y no, tampoco lo es asegurar que está sobrevalorada. Los que creen que sólo es “para chicas” no entienden nada y los que la elogian declarando que es “la nueva Sex and the city” comprenden aún menos. A los que se horrorizan por que una chica que no cumple con los parámetros ridículos de belleza se la pase desnuda en pantalla ni hay que tenerlos en cuenta. Y los que elogian y defenestran por igual el espíritu hypster de la historia pueden seguir dando vueltas en su cerrado y obtuso círculo.
Se puede detestar a Girls por muchos motivos y, básicamente, son los mismos por los que sigue sumando audiencia. Ya en medio de su tercera temporada y con la cuarta asegurada para 2015, la creación de Lena Dunham para HBO tiene esa hermosa y horrible cualidad: no deja a nadie indiferente, se la ama o se la odia. Bien por ella.
Los detractores inteligentes argumentan que se sienten ajenos a todo ese universo de Gente blanca que vive en Nueva York-Personas de clase media con problemas existenciales-Chicos y chicas urbanos que no encuentran su lugar en el mundo-Universitarios que no saben cómo insertarse en el mercado. Sin embargo, esa misma crítica podría caberle también a las clásicas Friends y Seinfeld, o a las más actuales How I Met Your Mother, The Newsroom y hasta Mad Men. Drama o comedia. Sitcom o no, ese es el universo mayormente televisivo.
Sin embargo se le cuestiona este asunto a Girls. ¿Por qué? ¿Será porque aparentemente es sobre chicas y/o para chicas? ¿Tal vez, quizás, porque su creadora, guionista y protagonista es ella misma una chica? Sí, mucho peor que sólo una mujer, ¡una joven! (¿hace falta la aclaración de ironía en esta declaración?). A veces las respuestas a las preguntas son las más evidentes. Así que podríamos sospechar que se impugna a Lena Dunham porque es una chica, y no una cualquiera, sino una que entiende que su universo va más allá del género y sabe que puede hablar desde su subjetividad para todos y todas. Así nomás. Y eso, claro, incomoda. A algunos. Ladran, Sancho.
Para ver Girls hay que dejar los prejuicios atrás. Los positivos y los negativos. Porque la serie es, sobre todo, una historia que habla de la amistad, de las relaciones que se desgastan, de lo complicado que es hacerse adulto, cada vez más, y de las diversas y neuróticas formas en las que hoy se intentan establecer vínculos sinceros. Y acá una aclaración: amistad no sólo (sino también) entre chicas y vínculos no únicamente (sino además) sentimentales. Si la primera temporada sorprendió gratamente y la segunda demostró que no era un one-hit wonder , esta tercera entrega la confirma definitivamente como un clásico de época.
Con producción del director Judd Apatow (Virgen a los 40, Funny People y This is 40, entre otras) y muchos premios y nominaciones para Lena Dunham, como los recientes Mejor actriz de comedia y Mejor serie televisiva en los Golden Globes, Girls es más que una moda pasajera o capricho hypster. Es una historia que evoluciona a lo largo del tiempo. Hay autoparodia, relaciones online, parejas que se hacen estables, otras que se rompen, inicios de todo tipo y aventuras. Está lo improbable pero posible, lo absurdo y lo real. Es sobre la ciudad y la porquería que hace en sus habitantes. De un modo preciso, entre la comedia y el drama, hace una radiografía de una porción de la sociedad que podría tener todo, pero ahora de pronto se ve enfrentada a la dificultad de conseguir las cosas. Trabajo, éxito, amor, salir a la calle.
Así que no es necesario ser una chica de Nueva York, más específicamente de Brookling en realidad, para identificarse con este universo que plantea la inteligente, graciosa y bestialmente sincera Lena Dunham en Girls. Y para cerrar la argumentación, acá una lista caprichosa y subjetiva de algunos motivos válidos por los que se puede amar la serie:
1. Lena Dunham. Además de ser intérprete, guionista y directora de su impecable debut cinematográfico Tiny Furniture (2010) a los 24 años y la creadora de Girls a los 26, la chica avanza a paso certero en una senda de inteligencia y sensatez ante la obsoleta idiotez de gran parte del mercado, y el mundo. Y va un ejemplo de muestra. Durante una conferencia de la Asociación de Críticos de Televisión por el lanzamiento de la tercera temporada, un periodista cuestionó que su personaje Hanna pase tanto tiempo sin ropa ante las cámaras. “No entiendo el propósito de la desnudez en el show, particularmente la realizada por ti”, atacó Tim Molloy, de The Wrap, y Dunham respondió, seca y directa: “Creo que es una expresión realista de lo que es estar vivo, y por eso la entiendo totalmente. Si yo no te gusto, ese es tu problema”.

2. Hanna Horvath. A lo largo de las tres temporadas la protagonista no deja de sorprender con su constante evolución-involución. Es uno de los personajes televisivos más sinceros de los últimos años, repleta de miserias entendibles y absolutamente egoísta, pero adorable. Mentirosa, ridícula, fuerte y frágil, no es necesario ser como, o identificarse con ella para conmoverse con su modo de contar la verdad. La candidez autoparódica extrema de su narración da de lleno en su diana, siempre, para bien o para mal. “Yo podría ser la voz de mi generación”, le dice en el primer capítulo a sus padres cuando le avisan que ya no la van a mantener mientras intenta escribir y después agrega: “O al menos una voz de cualquier generación”.

3. Guión. Hay capítulos que llegan a encontrar, por momentos, un nivel de sutileza hermosa y profunda. Incluso algunos, enteros, son como mini películas preciosas en donde todo cierra, nada falla, pueden dejar al espectador con la lengua afuera. Por ejemplo el quinto episodio de la segunda temporada, One man's trash, con Patrick Wilson, podría ganarse un premio en Sundance. Y cada uno de los momentos de amor asqueroso, hermoso y demandante entre Hanna y Jessa (Jemima Kirke) son cruelmente íntimos, como sonarse la nariz en el agua de una bañadera compartida o el abrazo conmovedor que perdona todo con el que se reencuentran después de cada miseria. Y una joya de las más nuevas: el café modernísimo en el que la protagonista descubre, después de saber que su vida profesional está salvada, que las tazas son de chocolate y se pueden comer. La perfecta simbología de la felicidad, resumida en un acto frívolo y profundo.

4. Diálogos. Son brillantes, cada vez más, y en la voz de cada personaje se pueden encontrar incontables parlamentos como para armar la galería de quotes más grande del momento. Entre otros highlights 2014, Hanna preocupada por la respuesta de sus “e- friends”, cuando Adam (Adam Driver) declara que “aburrirse es para personas perezosas que no tienen imaginación”, la postura realmente en serio de Shoshana (Zosia Mamet) sobre por qué las cucharas son los mejores cubiertos para usar por siempre jamás y cien etcéteras. 

5. Invitados. A lo largo de estos tres años hubo muchas participaciones de culto en la serie. Al rándom, algunas: Kim Gordon de Sonic Youth, James LeGros (el de Punto límite), Chris O'Dowd (de IT Crowd), Richard E. Grant (Doctor Who) o Bob Balaban (el narrador de Moonrise Kingdom).

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